¿Es mala la minería?: Un punto de vista no minero 

No soy minero. Ni geólogo. Trabajo para una compañía de software minero desde hace más de cuatro años, pero mi formación es en negocios. Al inicio de mi vida profesional trabajé en contabilidad y finanzas. Mi camino laboral me ha inclinado más hacia la gestión financiera y la estrategia comercial, que hacia el estudio y trabajo de la tierra y sus minerales. Por lo tanto, se puede decir con mucha seguridad que mi punto de vista es no minero. Mi simpatía por las causas animalistas me llevó a abandonar el consumo de carne. Reciclo e intento siempre reducir mi huella de carbono. Manejo un auto muy eficiente y no tengo una casa llena de electrónicos de última generación. Y habiendo dicho esto, considero que la minería legal, responsable y controlada no es mala.  

Como es el caso detrás de toda otra actividad económica humana, la minería tiene un efecto sobre el medio ambiente. Pero, así como es el caso con la agricultura y la manufactura, sin minería no hay civilización. Esto no quiere decir que debemos minar la tierra sin ningún tipo de consideración ni control, pero pedir que no haya minería es pedir que regresemos al neolítico. Y quizás hasta más atrás, porque ya en el neolítico nuestros antepasados hacían uso de herramientas de piedras y rudimentarias extracciones minerales de la tierra. En otras palabras, la minería está estrechamente ligada al progreso y desarrollo de la humanidad.  

Sin minería no hay concreto para construir. Sin minería no hay minerales para la producción agroindustrial. Sin minería no podemos construir maquinaria para trabajar y transportarnos. ¿De donde sale el cobre de los circuitos eléctricos? ¿Como producir baterías de litio sin minería? ¿Estamos dispuestos a abandonar nuestros computadores llenos de minerales, a volver a vivir en cavernas o chozas de paja, o a no volver a ver a nuestros seres queridos en otros continentes? La minería nos provee la materia prima para poder realizar todas esas grandes cosas que el ingenio humano crea para facilitar nuestras vidas. 

La minería también genera trabajo. He oído argumentar que las mineras solo generan trabajo para los empleados de la operación. Pero esto está muy lejos de la realidad. Lo desmentiré de una forma muy sencilla: Tomemos el ejemplo de una mina de cobre. Para extraer cobre se necesitan grandes camiones. Esto ya creo empleo en la fabrica de camiones, y en el distribuidor de camiones, y también en la fabrica de llantas, y en la petrolera que provee la materia prima para las llantas. Luego, con el cobre extraído se producen cables que serán usados, entre muchas otras cosas, para celulares. Celulares que crean puestos de trabajo en el sector de servicios de telecomunicaciones, que crean trabajo en el sector de las aplicaciones software, y que permiten y facilitan las operaciones de muchos negocios en el mundo. Esos mismos celulares que están llenos de cobre, latón, aluminio, manganeso, oro, plata, paladio, indio, antimonio, fósforo, etc. Si, todos extraídos con procesos mineros. Y, pues, esos celulares también necesitarán de satélites para el funcionamiento de su red inalámbrica. Si, satélites hechos con muchísimos minerales, también extraídos de la tierra. 

Para concluir, creo que muchas de las organizaciones y personas que defienden causas ambientales y sociales, que, aunque necesarias y justas, tienen que moderar su discurso y volverlo más realista. Se debe pedir que se creen y se implementen controles razonables para reducir o eliminar contaminación. Se debe pedir que se creen leyes para proteger el medio ambiente sin detener el desarrollo de los pueblos. Se debe pedir inversión en nuevas técnicas de extracción y mejores tecnologías para aumentar la eficiencia de las operaciones mineras. Se debe pedir que se prevenga y se castigue a las autoridades corruptas que impiden la apropiada distribución de la riqueza generada por la minería. Y finalmente se debe pedir acabar con la minería ilegal, que es en realidad el mayor contaminante y el responsable de la demonización de la minería. Debemos, entonces, aceptar que la minería responsable y sostenible, no es mala. Si no, que es necesaria para la civilización.  

 Romián Tuesta-Vilca